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Recientemente cuestionaba a un amigo la forma en que muchos adultos tildan de “fantasiosos” a los niños, sin tomar en cuenta nuestra incapacidad de entender las metáforas que ellos usan para describir cómo interpretan el mundo y las cosas. En ese departamento de las fantasías, somos los adultos los que botamos la bola.
¿Qué podemos encontrar que sea más fantasioso que (adultos) creer en un ser con poder sobrenatural—invariablemente hombre, masculino, macho y poderoso-- que no vemos, que no sabemos en dónde está “sentado” dictando “sus reglas”, controlando al mundo y sus fenómenos y al pensamiento humano—cuando supuestamente “escuchamos” su voz? Que “sabe” todo lo que acontece a los billones de “sus hijos” en la Tierra y que si le rezas continuamente, en algún momento te ha de escuchar—pero que cuando no te escucha, no es que no te “oye” sino que tú fallaste en algo porque, como humano, eres pecador/pecadora, y que, a pesar de que “nos creó a su imagen y semejanza”, él no es responsable de tus “pecados”. ¡La culpa es de la serpiente parlanchina y Eva, la mujer con la que “premió” al hombre que “creó”! (nota: cualquier parecido con políticos de turno es pura coincidencia) Este dios, que para algunos es vengativo y para otros es de amor, “dice” que “nos ama” pero que tenemos que aceptar el que esté presto a “castigarnos” o desquitarse sin piedad, porque es “por nuestro propio bien”.
Que supuestamente creó a la mujer de la costilla de un hombre que a su vez hubo creado del barro, después de haber hecho al mundo en tiempo récord- tipo ‘fast track” de Roselló. ¡Claro; lo del invento de la costilla-mujer sería más creíble que el cuento de un hombre sacado del barro pariendo una mujer ya lista para procrear! Después de todo, ¡con el barro se pueden hacer muchas cosas!
Sin embargo, la fantasía se aplica a conveniencia. Primero era que supuestamente ese dios creó al hombre usándose ese mismo dios a sí mismo como modelo. Tomando de que “creó” al hombre con la intención de que poblara el mundo que había “creado”, y que se las arregló para dejar a Adán sin una costilla para fabricar una mujer, entonces ese dios era hombre que tenía la capacidad de ser mujer. Pero entonces, la versión de que “fuimos creados a su imagen y semejanza” (ahora todos juntitos y revueltos) me hace pensar que ese dios es también gay. Digo, ¿no que todos somos hijos de ese dios? Ahí es donde la fantasía de un “solo dios, todopoderoso y omnipotente” se estrella contra la pared. Hay tantos dioses como gente que cree en ellos.
Como si no fueran lo suficientemente fantasiosos, los adultos hombres parecen necesitar inventarse más fantasías alrededor del dios creado por ellos mismos—y por supuesto a su imagen y semejanza, no a la inversa como se lo han impuesto a cuanto ignorante quiera creer en eso.
Que ese dios envió al “representante “bona-fide”—su “unigénito”, preparando su “llegada” usando un truco de magia “divina” para inseminar a una joven “virgen” (¡esto me suena familiar!) y que entonces el hijo “muere” clavao en una cruz; que “vuelve” a la vida al tercer día (me pregunto si a nadie le dio el tufito), pero coge la juyilanga pál “cielo” con propulsión propia. Y que entonces el hijo se convierte en el padre, el padre se convierte en el hijo y ambos se juntan con un “espíritu santo” que tampoco se sabe de dónde rayos salió, formando entre ellos un trío dinámico “divino” que actúan solos o en conjunto (cual club de hombres), no para deleitarnos con boleros, sino para dictar normas específicas de vida- ¡“or else”! Los que creen en este relato fantástico no explican cómo es que, si los humanos “tipo común” antes del “unigénito” ya se consideraban hijos de ese ser omnipotente, qué rayos fue lo que pasó cuando el susodicho nomina a su “representante” en la tierra como su “único hijo”. A ver, ¿Eran hijos o no? Fascinante la arbitrariedad del dios-padre, ¿verdad?
¿Cuánto más espectacular y fantasiosa puede ser la forma en que muchos adultos justifican sus creencias en héroes mitológicos?
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