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La prostitución de las ideas y los conceptos no es exclusiva de esta colonia nuestra. De hecho, proviene del ámbito del Mundo Occidental que nos han encasquetado a la fuerza como la única normativa posible para poder interpretar e integrarnos al mundo. No todo lo que nos han impuesto es malo, pero mucho de ello, comenzando por la hipocresía y el oportunismo, lo son.
El afamado Premio Nobel, no se escapa de dicha realidad. De hecho, carga, al decir del argot Católico Romano, con su propio “pecado original”. En este caso, el pecado es su mismo origen: Este premio surgió como la última voluntad testamentaria del industrial armamentista sueco Alfredo Nobel, inventor de la dinamita y de la gelatina de alta intensidad deflagrante conocida gelignita, inventos que lo convirtieron en uno de los hombres más ricos de su tiempo. Dicen que instituyó los premios que llevan su apellido porque se sentía culpable de haber convertido lo que fue un centro productor de metales en una de las fábricas de armamentos más grandes de su época. Lo cierto es que es costumbre de muchos multimillonarios la de testar o crear fundaciones diversas para que sus nombres trasciendan su muerte natural. Fuere cual fuere el motivo, hoy en día se le considera el más importante galardón internacional, en especial el referente a la paz.
Dicho premio tiene una perturbadora historia. Por un lado, ha sido otorgado a unas cuantas personas cuyas diversas ejecutorias las han hecho merecedoras del mismo: Rigoberta Menchú Tum, Al Gore, Marthin Luther King, Nelson Mandela, Teresa de Calcuta, Desmond Tutu, James Carter. Hay otros cuya aportación no es tan significativa y están los que definitivamente no lo han merecido y que evidencian la existencia de otras consideraciones que nada tienen que ver con los méritos del recipiente.
Entre los laureados que uno no se explica como lo recibieron por cuanto precisamente representan lo contrario a la paz se encuentran el fallecido dictador Egipcio Anwar el Sadat, el jefe guerrillero palestino Yasser Arafat y los Sionistas Israelitas Menachem Begin, Simon Perez e Isaac Rabin (ninguno trajo la paz al Medio Oriente, a la Palestina o a Israel).
Tal vez el caso más emblemático previo al presente fue el otorgado en 1973 al guerrerista germano-estadounidense Henry A. Kissinger y al Ministro de Relaciones Exteriores de la República Democrática de Vietnam Le Duc Tho por haber firmado la paz luego de la innegable pela que el pueblo vietnamita propinó a las fuerza militares de Estados Unidos durante la agresión de éste último a ese pequeño país (1963 – 1973).
Mientras Kissinguer descaradamente recogió el inmerecido galardón, Le Duc Tho, dignamente rechazó el mismo al anunciar que su país se encontraba devastado por la guerra que le llevó el imperio norteamericano y que gracias a la miseria producto de dicha agresión, su pueblo no tenía la paz por ellos anhelada.
Otro elemento significativo lo son algunos de los candidatos a dichos premios: Adolfo Hitler, nominado en 1939 por Erik Brandt, un miembro del Parlamento Sueco. Este explicó que lo hizo frente a la candidatura al premio del Primer Ministro Inglés Neville Chamberlain, quien entregó Checoslovaquia a los Nazis ese mismo año. Otros candidatos al premio fueron Joseph Stalin y Benito Mussolini.
El caso más patente de omisión, fue el Mohandas Karamchand Gandhi, mejor conocido con el nombre que le puso el gran poeta Rabindranath Tagore, Mahatma Gandhi (“alma grande” en sánscrito y en hindi).
Durante el pasado y en el presente siglos, Gandhi ha sido reconocido alrededor de todo nuestro planeta como a la figura seminal de lo que es un ser de paz y no violencia. A esta figura, de dimensión moral casi mítica, le fue negado el premio cuatro veces: en 1937, 1938, 1939 y 1947. Luego de su asesinato el 30 de enero de 1948, el Premio fue declarado desierto. No se lo otorgaron porque supuestamente no podía otorgarse póstumamente, aunque en 1961 lo otorgaron de este modo al fallecido Secretario General de la ONU Dag Hammarskjöld.
Es evidente la inconsistencia y el oportunismo de la Academia Sueca y del Parlamento Noruego en el otorgamiento de este galardón. Inicialmente no quería otorgarse a los extranjeros, pero el Rey Oscar II de Suecia (de la que Noruega fue parte hasta 1905) decidió que hacerlo sería bueno visto “el enorme potencial publicitario para el país”.
Es evidente que entre los galardonados con el premio Nobel de la Paz, “no son todos los que están ni están todos los que son”.
EL PREMIO A OBAMA
Luego de 11 meses de gobierno, tal parece que las diferencias fundamentales entre el actual y el pasado presidente de los Estados Todosjuntos, se limitan al color de piel, simpatía e inteligencia.
Lamentablemente Obama ha resultado ser un mero continuador del las políticas que el verdadero hombre fuerte del gobierno anterior, Dick Chenney le dictaba al bestia de Bush para que implementara. Nada ha cambiado,
La cárcel de Guantánamo sigue abierta. Allí siguen torturando a los prisioneros y mantienen personas detenidas indefinidamente sin juicio, incluyendo varias docenas de detenidos que determinaron que nada tenían que ver con los atentados del 9/11 pero que EE.UU. no los quiere en su territorio y ningún otro país los recibe, No han enjuiciado a uno solo de los torturadores ni soldados que han cometido serios crímenes de guerra, tanto en Guantánamo como en Irak y Afganistán, donde sostiene un régimen corrupto, dictatorial, traficante de drogas, que no respeta los derechos de las mujeres a las que mantienen en la semi esclavitud y que en nada ha resultado ser mejor que el régimen de los Talibanes a los que derrocaron del poder. Mantienen y expanden una guerra inganable, demostrando que son incapaces de aprender de las lecciones pasadas, tanto de la derrota de los soviéticos en ese mismo escenario de guerra como de su propia su derrota en Vietnam. Continúan los bombardeos indiscriminados con sus “drones” (naves tripuladas a control remoto), con las cuales, para matar a un alegado talibán o Al Qaeda (los mismos que entrenaron y equiparon en los ‘80s y que ahora son sus enemigos), matan a docenas de personas a su alrededor. Han expandido el conflicto a Pakistán y a la India, mantiene una política guerrerista y de amenazas continuas contra Irán, Al mismo tiempo proveyeron de armas nucleares a Israel, al que periten todo tipo de agresiones contra el Pueblo Palestino. Mantienen a Israel y a Colombia como sus dos mayores recipientes de equipos militares modernos en todo el mundo. Al 2007 Israel estaba recibiendo 19 mil millones de dólares y Colombia 3.9 billones. Eso es en equipo y armamento militar. Notemos que la totalidad de la “ayuda” de Estado Unidos a nuestro país es una mera fracción de lo anterior, con la ventaja de que nos sacan exorbitantes ganancias meramente con sus transferencias de capital.
Obama recibe un premio de la paz, al mismo tiempo que su gobierno impone siete bases militares en Colombia, contra la voluntad manifiesta de sus vecinos Latinoamericanos, a los que no respetan y los que justificadamente sospechan que son siete bases operacionales de agresión en su contra. Recibe el premio de la paz mientras su gobierno ayudó a consolidar la dictadura golpista en Honduras. Recibe el premio de la paz mientras su gobierno amenaza a Venezuela, Ecuador y Bolivia por buscar su propio rumbo fuera de sus dominios imperiales.
Obama viene a hacer buena compañía a los Kissinger y los Menachem Begin que recibieron el premio con parecidas credenciales a las que él aporta.
Bien hecho el acto de dignidad del Vietnamita Le Duc Tho al rechazar dicho premio. Malo resulta el mismo para los recipientes que verdaderamente han contribuido de forma alguna a la lucha por la paz: Rigoberta Menchú Tum, Al Gore, Marthin Luther King, Nelson Mandela, Teresa de Calcuta, Desmond Tutu, Jimmy Carter. Lo único bueno de este asunto es que gracias a su propia desidia, racismo y mentalidad imperial y colonialista los otorgantes del premio, al denegarle el mismo en cinco ocasiones: cuatro veces en vida y una vez de manera póstuma, no ensuciaron el nombre del gran pacifista por antonomasia, el último gran hombre santo del siglo 20, Mahatma Gandhi.
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