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¿Qué sucede en abril? De improviso decenas de estudiantes se rebelan y decretan un paro de 48 horas en la universidad del Estado, recinto de Río Piedras. La reacción de locura de la administración es cerrar la universidad. Entonces los estudiantes de derecho de la universidad radican un interdicto en los tribunales y el juez acoge el interdicto ordenando al presidente y a la rectora interina abrir la universidad que ellos mismos torpemente habían cerrado.
¿Quiénes son estos jóvenes? ¿Qué quieren estos jóvenes? ¿Verdaderamente sienten un odio ciego hacia la sociedad como opinan algunos? ¿Un abandono racional a la violencia? ¿Son muchachos(as) inquietos, descontentos, envilecidos, llenos de rabia contra la sociedad en que viven? ¿Son ingenuos políticamente? ¿Son terroristas? ¿Están mal dirigidos? ¿Son impacientes, prepotentes, no creen en la democracia, desprecian el sistema, están convencidos de que a través de reformas y de leyes no se puede alcanzar el progreso? ¿O están llamando a la tolerancia, la paciencia y al diálogo antes de actuar?
Un gobierno conservador de la derecha parece no perdonarles a los estudiantes que sean inteligentes, que estén bien organizados, que se rebelen, que cuestionen a la administración de turno.
¿Son en verdad unos chicos y chicas malos como nos hace creer la policía y algunos políticos?
Entretanto el superintendente de la policía mueve su ejército azul tácticamente, tal vez para provocar un ataque. Es la fuerza de choque apertrechados con armas largas y macanas dispuestos a atacar sin piedad a los estudiantes. Luego se cuestionan por qué a la policía se le mira con antipatía. Es que ellos han cometido ciertas brutalidades, algunas por pánico, por miedo y siguiendo instrucciones, pero los celulares tienen cámaras y los estudiantes los están velando.
Alguien dice por ahí que era más fácil que los estudiantes triunfaran en abril porque en cierta forma contaban con el factor sorpresa y también con el factor ilusión.
Sucede con frecuencia que los hijos no estén de acuerdo con los padres, en el fondo, es normal, incluso justo. Si no fuera así el mundo se cristalizaría en el pasado y las cosas no cambiarían nunca.
Hay algunos que dicen que estos estudiantes no tienen por qué quejarse porque viven mejor de lo que vivieron sus padres y sus madres, que tienen muchas cosas más: más libertad, más comida, hasta más cultura. En conjunto dicen que esta era una isla feliz, mejor que muchas otras. ¿Y qué pasó? De momento dejaron de ser felices. ¿Por qué? ¿Qué perdieron?
Aquí ha quedado claramente planteada la debilidad intelectual de la clase política dirigente, fueron mezquinas las excusas para tratar de persuadir a los estudiantes.
Y es que los puertorriqueños hemos aprendido a impedir ciertas cosas que quiere hacer el gobierno, que hay cosas que no se pueden seguir aplazando y que hemos hecho demasiadas concesiones en los últimos años. Nos estamos levantando en guardia contra las mezquindades y la corrupción de estos políticos, de la clásica derecha de siempre, que posee poder económico y tiene apoyo dentro de las esferas de Washington. Esa derecha que pretende establecer un orden burgués ya caduco; la derecha que se sirve de los fascistas como elemento provocador porque necesita el desorden, o sea, sembrar el miedo. Y el desorden ayuda siempre a los enemigos de la democracia.
Hay una enfermedad llamada fascismo y el fascismo es ante todo violencia; el fascismo no quiere hacer avanzar al mundo, quiere hacerle volver atrás; los fascistas son peligrosos porque pretenden reanudar una tradición de represión y tienen detrás a las fuerzas de la reacción.
No olvidemos que los(as) jóvenes manifestantes son el resultado histórico de un autoritarismo, que esto ha pasado antes en la universidad, que la historia no se repite con las mismas condiciones, pero se repite.
Durante la crisis se pone sobre el tapete la discusión, pero en sustancia es siempre la misma cosa. Reaparece el mito de la violencia: la violencia es levadura de la historia, la violencia es la respuesta a situaciones que no permiten otro camino para reclamar justicia. Todos los muchachos y muchachas de hoy día creen que han inventado el mundo, siempre creen que el mundo empieza con ellos. Pero hay una verdad, muchos de estos rebeldes estudiantes serán los industriales, los banqueros, los abogados, los médicos y los burgueses de mañana.
No olvidemos que el objetivo para los que están en el poder sigue siendo la conquista del poder bajo la hegemonía, más o menos totalitaria, de su partido, y mantener ese poder cueste lo que cueste. Hay corrupción en las relaciones entre los poderes públicos y los intereses privados, hay un debilitamiento entre los valores y los ideales que es lo que claman los estudiantes. Y la desconfianza de la opinión pública hacia la clase política va en aumento.
Porque en el fondo ¿Cuál es la máxima aspiración del hombre y la mujer? Conseguir el máximo de libertad, estar libre de toda explotación, de todo tipo de tiranía. Cuando pienso en los ideales de mi juventud, en el precio que he pagado, no lo lamento, porque creo haber hecho simplemente lo que tenía que hacer, porque vale la pena luchar por una humanidad más justa, sí, vale la pena.
Los puertorriqueños hemos alcanzado un nivel mucho más alto de vida civilizada que muchos países, hemos conseguido progresos formidables en todos los campos y parece que todo está a punto de venirse abajo, pero la estructura sigue en pie y los estudiantes nos dan la voz de alerta, nos previenen con el sentido crítico de la duda, con inteligencia, con la voluntad positiva, creyendo en el hombre y la mujer, creyendo que el hombre es el creador de su propio destino.
Todo gobierno es hijo del que lo precede y padre del que lo sigue, debemos inventarnos un gobierno que diga: “A todos los servidores públicos tienen dos años de permanencia en el cargo. Si transcurridos esos dos años no has realizado un mínimo de dos o tres cosas fundamentales, si no las has llevado a un buen término, te desautorizamos y no podrás en un plazo de diez años volver a participar en ningún gobierno”.
Porque no podemos olvidar que hay un notable número de personas que cumplen con su deber, que trabajan con regularidad, que estudian con regularidad y que se gradúan con aprovechamiento. Hay que poner atención en no destruirlo todo y que la democracia sea un estado perenne de descontento, porque la democracia exige paciencia y tiene errores. Y si bien la Constitución habla de derechos y de deberes, los derechos los invoca todo el mundo, pero los deberes nadie. Hablar de deberes se considera antidemocrático, en ese sentido, somos niños. Somos anárquicos y sin embargo el número de los que acudimos a las urnas es casi mayor que en cualquier otro país. Somos anárquicos, no nos gusta el orden, pero el desorden nos escandaliza.
Los votos que recibió el PNP en las pasadas elecciones hablan, no de nuestra capacidad, sino de nuestra incompetencia. Se le ofreció el gobierno al PNP en bandeja de plata como consecuencia del error de juicio de los votantes.
Y ahora hay que mantener la mirada fija en el horizonte de ese partido dominante.
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