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Carta al vecino de arriba Correo electrónico
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Escrito por Vitola Laquese Defiendesola   
Lunes 22 de Febrero de 2010 14:25

Querido Chuíto:

Ay, mi’jo, perdona por no alertarte antes, pero es que con el ajetreo los festejos de la obligada celebración de tu nacimiento cada año, se me olvidó totalmente que nacías otra vez el 25 de diciembre pasado. ¡Si vieras; todo se veía tan bonito y adornado y hubo tantas cosas que preparar! Que si los regalos que le damos a tó el mundo (pues ya no es solo pá los chiquitines, aunque sean el foco del comercio ahora más que nunca), que si lo que comemos y bebemos—que si lechón o pavo, pasteles o arroz, que si la ropa, y cuanto embeleco se nos ocurre aunque nos endeudemos hasta las tetas. Bueno, me imagino que ya tú habrás visto. Total, vienes naciendo de una mujer supuestamente “virgen” cada año por demasiado tiempo ya.

Excusas aparte, la cosa es que ya naciste otra vez. Y de seguro viste a much@s cantándote y celebrando tu nacimiento (y muchos cayéndose de culo por beber ron hasta más no poder), pero eso sí; en nombre del “niño rey”—o sea—tú-- que supuestamente has venido para “redimirnos” de nuestros pecados. Pero de eso te enterarás muy prontito, un chin antes del invento de una semana “santa” en tu “honor” y que este año cae a mitad de abril justo cuando llega el dolor que el “césar” nos impone. ¡Ay, se me olvida que estás nuevecito en esto otra vez! Tú eres de esos “fenómenos” que casi tan rápido como nacen, tienen que morir para que los que celebrarán tu muerte dizque vayan al cielo y vivan por siempre bien contentitos en un sitio que le llaman el Paraíso con un tipo que se llama “Dios”—que dicen que es tu papá, pero que “nunca se acostó con tu mamá, más pudo “preñarla” con un “truquito”-- Así como lo oyes. Te van a fabricar un caso y terminarás clavao en dos maderos cruzados y entonces te añaden el nombre de Cristo (algo así como el apellido que tu papá no te dio. Esos que ahora celebran tu nacimiento y luego el que te den limpiol, creen que es el día más importante y más alegre para ellos, ya que supuestamente tú—Jesús—“venciste” a la muerte y les “diste la vida “eterna”.

Lo del cambia-cambia de fechas es por eso de “estar a la par” con otra superstición, la de los judíos y que la fecha coincida con la primera luna llena de primavera. (Supuestamente saliste de los judíos, pero que éstos no creen en el embeleco de tu nacimiento o de cualquier otro “rey”)-(psss, acá entre nos-- el origen de los judíos modernos está en entredicho). Ya sabes que antes de que termine esa semana en tu “honor”, te darán limpiol y terminarás clavao en el madero, pero que resucitarás para irte de vacaciones al cielo hasta diciembre 25 y empezar otro ciclo de lo mismo.

Así que mi consejo es que no escuches los cantos de sirena desafiná cuando antes de que termine esta semana se te acerquen unos viejos y te vengan con el cuento ese de que eres el “enviado por dios” (¡tu papá te mandó a joder!) para salvar al mundo y te secuestren y que pa “enseñarte” unos “secretos”. No les hagas caso y arranca a correr y salir de tó esto. Todos los años hacen lo mismo y los chuítos de la vida terminan clavaos tragándose el mismo cuento de que resucitarán al tercer día y que te irás al cielo viviendo para siempre junto a tu padre-quien por cierto nunca pagó pensión ni aparecía por los centros espiritistas y quien dice que vive con otro tipo llamado Espíritu Santo (honestamente Chú, esto me suena, o a desorden de personalidad múltiple, o que tu papi tiene algo escondido en el clóset). Eso de resucitar al tercer día es otro paquete, porque si te clavan y mueres un viernes como está programado, el tercer día es lunes y no domingo que es cuando se supone celebren tu resucitación espontánea y viaje de ida para el resort del “Paraíso” con muchos pollitos, conejitos, dulces y toda la chulería para que los niños festejen que te cogieron de pendejo, para a la vez coger de pendejos a todos los demás.

Así, que –¡a jullir Crispín que todavía estás a tiempo! Todavía te queda algo menos de 10 semanas.

De hecho, este año la cosa se está poniendo fea. Te aconsejo que ni digas nada sobre lo que dicen que eres por ahí, así como tampoco que supuestamente tienes parientes por el Medio Oriente y que irás a una “escuelita”, pues es posible que termines siendo torturado por la CIA al ficharte como terrorista yijadista y entonces el morir clavao parezca un paseo por el parque. Comoquiera estarás jodío y la gente seguirá con sus mitos de redentores. Así que consíguete una jeba o jebo y goza tu vida, que al parecer será bien corta. Que se las arregle la gente creándose otro ser que los redima.

 
La contesta de Jacinta a Diosito para Contra Toda Autoridad Correo electrónico
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Escrito por Jacinta   
Martes 09 de Febrero de 2010 13:47

Querido Diosito:

¿Y para qué pusiste a que nos lavaran el coco con que mirásemos a los jevens cuando se nos atorara la vida misma?

Que in adichon yo se que mandaste a El Americano a que dijera  ask not guat yur contri can do for yu.

Pero que por acá nos dijeron los políticos que no le hiciéramos caso que mientras ellos estuvieran encaramáos no teníamos que guorri.

Así es que MIJO, si  ahora de prontito no hay que mirar  arriba sino  adentro, Gúd Niús.

Porque ya andaba pensando yo que ibas a estar abacoraíto con tanto problema.

Mira al pobre don Erni Cabán que por estar haciendo caso a la publicidad del Prechos Moument de la Kodak, mandó a que sacaran la instamatic donde no debía y lo cacharon mondáo de oreja a oreja con don Ñañito.

Que vete a ver, Diosito, cuantas fotitos andan por ahí que ponen a un montón de cristianos en evidenz de alguna que otra travesura en eso que dijo el otro día don Néstor Duprey en la radio que se llama Tumbología.

O como los doctors en Haití que se tomaron retratos nasti por cosas de no criarse.

Y porque la vida ya no vale ná.

Pero está  cúl. Ya sé que no te vas a meter.

Que meneaste el funche y ahora lo vas a poner al rescoldo.

Te quiero igual.

Jacinta



PD: ¡Vamos a ver si es verdad que el gas pela! Si como TÚ sugieres las espechal communitis en Puerto Rico se ponen de pie y salen para la calle a hacer ruido y a stand op. Que acá somos medio flojos y a veces miramos pál cielo cosa de ver si velamos la guira y no tenemos que marchar. ¡Ojalá convenzan a Krispi Krim de que se haga sponsor de la gran marcha de las comunidades! Pero TÚ mantente cerquita. Déjanos la cabuya cortita porque meibi te vamos a seguir necesitando. ¡Dale, CHICO, que una ayudita no nos viene mal de vez en cuando! Que yo sé que tienes TUS debilidades. Tus hijitos pródigos que les pelas el diente. Como don Aníbal. Que anda de nuevo suerto como gavete. ¡Y QUE DECIRME A MÍ QUE NO TE ESTÁS METIENDO EN SU CAMINO! Nou guei!

 
Diosito le escribe a Jacinta Correo electrónico
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Escrito por Diosito   
Lunes 08 de Febrero de 2010 17:30

Jacin:

No te escribo con frecuencia, primero por falta de tiempo. Ya sabes que este mundo anda hecho un lío y yo tengo que estar pendiente de todo. Eso de delegar, aunque algunos bajen cien mi vírgenes y otro montón de santos, no es lo mío.

Para empezar te recomiendo una lecturita.  Buscate el Caín del viejo Saramago. Para no creer en mi, el viejo nobel portugués siempre se esta metiendo en mis cosas.  Bueno, a lo que iba:  El librito que te digo  debe ser lectura obligada en todos los países, sobre todos en aquellos en los que el fundamentalismo esta creciendo y de viento en popa.

Dijo un viejo ayer en un programa de los mas interesante de TV española que se llama Redes, que los pueblos y las comunidades, cuando están en crisis tienden a buscar y a acercarse a las creencias fundamentalistas y medio primitivas y rústicas para explicar las cosas.  Las buscan para tener explicaciones y certezas.

Pero sobre Saramago te aclaro, Caín se la pasa atacando al señor vengativo, al señor que destruye al señor cque se la pasa enfogonao con los que no hacen las cosas como él dice y encima, a la hora de castigar, se lleva por el medio culpables e inocentes.  Que en ese libro viejo, no hablaban de perdón ni de amor, todo era venganza, castigo y destrucción. Pero eso ya esta caduco.

Para algo pasó mi hijo por allá.  Ese cambió la cosa, aunque muchos ni se enteran.  Sobre todo, parecen no enterarse los que más hablan de mi y de Chu, como le llamamos en casa.  De modo que a leer a Saramago y empezar a ver las cosas claras.  Yo no me meto en las cosas y los detalles de administración y funcionamiento del mundo y de los hombres. Para eso les di el libre albedrío.  Bastante tengo con haberlas creada para también estar bregando con las garantías. Chica, que yo no soy Toyota.

Y lo veo todo, no creas lo contrario.  Lo que pasa es que tengo muchísimas galaxias y gentes a mi cargo y si no ando pendiente, la gravedad va y falla como los pedales de la Toyota y se forma el cagadero del universo.  De modo que a agradecer que sigo pendiente de todo esto, pero por favor, hagan como se supone que hicieran las comunidades especiales y encarguesen de sus cosas.

http://www.losimeilsdejacinta.com

 

 
La maldición blanca Correo electrónico
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Escrito por Eduardo Galeano   
Lunes 18 de Enero de 2010 16:50

Este artículo de Eduardo Galeano fue publicado en abril de 2004 en varios periódicos latinoamericanos. Su conmovedor relato de la historia de Haiti duele aún más en estos días en que el mundo decidió volver a mirar al país más pobre del hemisferio. Como dice Galeano al final, Haití "aún espera las manos de su gente", por las manos de todos aquellos que tengan conciencia y corazón.


El primer día de este año, la libertad cumplió dos siglos de vida en el mundo. Nadie se enteró, o casi nadie. Pocos días después, el país del cumpleaños, Haití, pasó a ocupar algún espacio en los medios de comunicación; pero no por el aniversario de la libertad universal, sino porque se desató allí un baño de sangre que acabó volteando al presidente Aristide.

Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de educación atribuyen a Inglaterra ese histórico honor. Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio que había sido campeón mundial del tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco convincente que en 1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud.

Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití. Desde hace dos siglos, sufre desprecio y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y propietario de esclavos, advertía que de Haití provenía el mal ejemplo; y decía que había que “confinar la peste en esa isla”. Su país lo escuchó. Los Estados Unidos demoraron sesenta años en otorgar reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones. Mientras tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la violencia. Los dueños de los brazos negros se salvaron del haitianismo hasta 1888. Ese año, el Brasil abolió la esclavitud. Fue el último país en el mundo.

Haití ha vuelto a ser un país invisible, hasta la próxima carnicería. Mientras estuvo en las pantallas y en las páginas, a principios de este año, los medios trasmitieron confusión y violencia y confirmaron que los haitianos han nacido para hacer bien el mal y para hacer mal el bien.

Desde la revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer tragedias. Era una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más pobre del hemisferio occidental. Las revoluciones, concluyeron algunos especialistas, conducen al abismo. Y algunos dijeron, y otros sugirieron, que la tendencia haitiana al fratricidio proviene de la salvaje herencia que viene del Africa. El mandato de los ancestros. La maldición negra, que empuja al crimen y al caos.

De la maldición blanca, no se habló.

La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón la había resucitado:
—¿Cuál ha sido el régimen más próspero para las colonias?

—El anterior.

—Pues, que se restablezca.

Y, para reimplantar la esclavitud en Haití, envió más de cincuenta naves llenas de soldados.

Los negros alzados vencieron a Francia y conquistaron la independencia nacional y la liberación de los esclavos. En 1804, heredaron una tierra arrasada por las devastadoras plantaciones de caña de azúcar y un país quemado por la guerra feroz. Y heredaron “la deuda francesa”. Francia cobró cara la humillación infligida a Napoleón Bonaparte. A poco de nacer, Haití tuvo que comprometerse a pagar una indemnización gigantesca, por el daño que había hecho liberándose. Esa expiación del pecado de la libertad le costó 150 millones de francos oro. El nuevo país nació estrangulado por esa soga atada al pescuezo: una fortuna que actualmente equivaldría a 21,700 millones de dólares o a 44 presupuestos totales del Haití de nuestros días. Mucho más de un siglo llevó el pago de la deuda, que los intereses de usura iban multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención final. Para entonces, ya Haití pertenecía a los bancos de los Estados Unidos.

A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva nación. Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada a la soledad.
Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos, armas y soldados le había dado Haití en 1816, cuando Bolívar llegó a la isla, derrotado, y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con la sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le había ocurrido. Después, el prócer triunfó en su guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar.

En realidad, las colonias españolas que habían pasado a ser países independientes seguían teniendo esclavos, aunque algunas tuvieran, además, leyes que lo prohibían. Bolívar dictó la suya en 1821, pero la realidad no se dio por enterada. Treinta años después, en 1851, Colombia abolió la esclavitud; y Venezuela en 1854.

En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años. Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York. El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder extranjero. Los ocupantes no se atrevieron a restablecer la esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado para las obras públicas. Y mataron mucho. No fue fácil apagar los fuegos de la resistencia. El jefe guerrillero, Charlemagne Péralte, clavado en cruz contra una puerta, fue exhibido, para escarmiento, en la plaza pública.
La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia. Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo.

Y así, de dictadura en dictadura, de promesa en traición, se fueron sumando las desventuras y los años.
Aristide, el cura rebelde, llegó a la presidencia en 1991. Duró pocos meses. El gobierno de los Estados Unidos ayudó a derribarlo, se lo llevó, lo sometió a tratamiento y una vez reciclado lo devolvió, en brazos de los marines, a la presidencia. Y otra vez ayudó a derribarlo, en este año 2004, y otra vez hubo matanza. Y otra vez volvieron los marines, que siempre regresan, como la gripe.

Pero los expertos internacionales son mucho más devastadores que las tropas invasoras. País sumiso a las órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario, Haití había obedecido sus instrucciones sin chistar. Le pagaron negándole el pan y la sal. Le congelaron los créditos, a pesar de que había desmantelado el Estado y había liquidado todos los aranceles y subsidios que protegían la producción nacional. Los campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se convirtieron en mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las profundidades del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y raras veces aparecen en los diarios.

Ahora Haití importa todo su arroz desde los Estados Unidos, donde los expertos internacionales, que son gente bastante distraída, se han olvidado de prohibir los aranceles y subsidios que protegen la producción nacional.

En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso.
Al otro lado, está el infierno negro. Sangre y hambre, miseria, pestes.

En ese infierno tan temido, todos son escultores. Los haitianos tienen la costumbre de recoger latas y fierros viejos y con antigua maestría, recortando y martillando, sus manos crean maravillas que se ofrecen en los mercados populares.

Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente.



Tomado de: Página/12, Buenos Aires, domingo 4 de abril de 2004

 

Última actualización el Lunes 18 de Enero de 2010 17:11
 
Haití: de terremoto a ocupación Correo electrónico
De visita
Escrito por Ramón Muñiz Hernández   
Lunes 18 de Enero de 2010 16:36

Última actualización el Lunes 18 de Enero de 2010 16:40
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